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La curiosidad es innata en el ser humano. Es lo que nos hace avanzar, explorar el mundo cuando somos pequeños, un impulso que se mantiene a medida que nos hacemos mayores. Cuanto más conocemos más necesitamos saber acerca de todo lo que nos interesa, y espiar a alguien es una forma de conocer los secretos que de otro modo jamás descubrirías. Pero debes tener cuidado ya que todo principiante comete errores. A continuación enumeramos una serie de fallos que debes atajar para no ser descubierto en tu misión:

La información es poder

Una vez que decides indagar acerca de alguien, indistintamente del motivo, debes hacer un seguimiento previo. Necesitas conocer rutinas de acción, horarios de trabajo y actividades, lugares que frecuenta, conocer el entorno y las personas que rodean al objetivo… Tómate el tiempo que necesites. Espiar a alguien siempre lleva detrás un arduo trabajo de investigación y planificación, todo debe estar cuidado al milímetro. Sin esto, puedes cometer errores que desenmascaren tu posición y perder el beneficio de la sorpresa.

Previsión y anticipación

De igual forma, debes conocer las condiciones en las que vas a trabajar, y llevar contigo el material necesario y sólo el necesario. Asimismo, tienes que estar preparado para cualquier imprevisto y poseer una alta capacidad resolutiva. A veces una retirada a tiempo es una victoria, y siempre es mejor abortar la misión que ser descubierto por un pequeño error de cálculo.

Mantener el control

Es muy importante no perder los nervios. La situación requiere mucho temple y necesitaremos hacer uso de toda la sangre fría de la que dispongamos para no dejarnos llevar por el miedo o la prisa. Será requerida una buena dosis de paciencia si queremos mantener a raya nuestra mente y nuestro cuerpo. Y es que la química corporal corre a nuestra contra: exceso de sudoración, temblores, balbuceos, gestos nerviosos… Todos ellos nos delatarían y descubrirían nuestro farol en una posible misión encubierta, así que mucha clama, pues un simple error puede captar la atención del objetivo, y un buen espía nunca lo parece.

Muy poco profesional

Cuando espiemos al objetivo, siempre debemos ser profesionales. Los sentimientos no son buenos consejeros, y si dejamos que nos gobiernen podríamos perder capacidad de atención al detalle o reacción ante posibles imprevistos, por lo que es indispensable mantener una total atención en el trabajo, evitando involucrarse personalmente. De no ser así, podría verse nublado nuestro juicio y perderíamos resultados.

Espía descubierto

Cuando se realiza una labor de espionaje nunca debe dejarse ningún rastro. Todo trabajo debe estar encubierto, y sólo el espía debe saber de él. A nivel tecnológico, debe mostrarse especial cuidado, pues siempre se guarda un registro de actividad que debe ser borrado. En un plano físico, es necesario poner énfasis en que todo termine en el mismo lugar y en la misma posición a como se encontraba antes de nuestra interacción, no dejar huellas ni señales que denoten nuestra presencia.

Buena memoria

Cada detalle, por ínfimo que parezca, cuenta. Son ellos los que encajan las piezas del rompecabezas y poniendo especial atención lograremos nuestro objetivo de una manera más sencilla y rápida. Si además la labor de espionaje requiere interacción con el objetivo o alguien del entorno, debemos mostrar mucho cuidado en qué datos damos, cuáles son ciertos y cuáles no. El buen mentiroso tiene siempre memoria, así que planifiquemos todo y no nos salgamos del papel.

La clave es el sentido común. Poniendo especial cuidado en no cometer cada uno de estos seis errores habituales, el espía llevará a cabo su misión de manera discreta, profesional y exitosa.

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