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Hoy en día los micrófonos en caso de investigación están a la orden del día. La mayoría de ellos utilizan la tecnología láser para detectar vibraciones sonoras en un objeto a cierta distancia. Éste debe permitir vibraciones que serán producidas por las ondas de presión causadas por los ruidos dentro de una habitación. El margen de exposición del dispositivo en mínimo y sus resultados eficaces. A lo largo de los años se han desarrollado métodos que evitan la escucha mediante este tipo de objetos, como el uso de sensores de luz láser.

Sin embargo, hace algunas décadas localizar estos aparatos no era algo fácil. La creación de estos artefactos tiene origen en un instrumento ideado por el físico y violonchelista ruso León Theremin. Este curioso mecanismo funcionaba haciendo uso de la proximidad de la mano del ejecutante a un par de antenas para producir sonido electrónico. Gracias a los inventos de Theremin nació el micrófono oculto más famoso de la historia: La Cosa.

Recién acabada la guerra en Europa, el 4 de Agosto de 1945, un grupo de chicos de entre diez y quince años procedentes de la Organización de Jóvenes Pioneros de la Unión Soviética llevaron al embajador estadounidense en Moscú una talla de madera con el escudo de Estados Unidos. Estos tiernos infantes rusos presentaban el regalo como gesto de amistad y agradecimiento a la colaboración entre las naciones aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.

El sello terminó colgado en el propio despacho del embajador, y allí permaneció durante años sin levantar la más mínima sospecha. No fue hasta 1952 que un operario de radio británico interceptó accidentalmente la señal y pudo escuchar una conversación proveniente de la embajada de Estados Unidos reconociendo la voz de un compatriota agregado de la Fuerza Aérea Británica. Rápidamente reportó el incidente al MI5. La organización envió operarios para detectar posibles dispositivos de escucha clandestinos pero no encontraban nada. Uno de los técnicos, Joseph Bezjian, escuchó el audio del micrófono a través de su receptor sintonizado a 1,6 GHz y rápidamente aisló la fuente en el sello. Al inspeccionar la talla descubrieron que estaba hueca y en su interior hallaron un extraño ingenio colocado tras el pico del águila. Pero no encontraron cables ni evidencias de ninguna instalación al uso.

El objeto fue apodado con el sobrenombre de La Cosa. Constaba de un cilindro donde iba colocado el micro y una antena. Su funcionamiento tan simple que lo hacía prácticamente indetectablesistemas de detección electrónicos. Mediante la antena, el micrófono recibía una señal de radio desde un transmisor externo apostado en las inmediaciones y luego retransmitía las ondas captadas gracias al cuerpo resonante de la talla de madera a un receptor. De este modo los rusos consiguieron espiar a los norteamericanos durante años. El 26 de Mayo de 1960, el embajador de Estados Unidos denunció el caso de La Cosa ante el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas presentando el sello como prueba y la URSS fue censurada. De no haber sido descubierto, este inteligente sistema de escuchas habría podido seguir en funcionamiento durante medio siglo más, y algunas fuentes apuntan a que hubo más réplicas de la talla repartidas entre embajadas y consulados  de Estados Unidos en el bloque Oriental.

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