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La plataforma Rcinet nos ha acercado recientemente un extraordinario caso. Se trata del espionaje policial a una trabajador de la prensa canadiense de Montreal. El columnista del periódico en francés La Presse, Patrick Lagacé, reveló que la policía le espiaba desde hacía meses. Los hechos han causado la alarma en los medios periodísticos del país por amenazar la libertad de prensa. Más aún cuando sobre el hombre no pesa sospecha alguna. Se infiere que la razón por la que era objetivo del espionaje de los agentes era identificar sus fuentes. Para ello, los servicios de seguridad estatales se han servido del teléfono móvil de la víctima. El columnista afirma que han espiado sus llamadas y sus mensajes. Según parece, el cuerpo policial sospechaba que un agente filtraba información a Lagacé. Por ello, se solicitó una orden judicial para vigilar al periodista. La Corte Suprema canadiense es contraria a dicha práctica.

Espionaje a un columnista

Patrick Lagacé ha revelado recientemente que la policía canadiense le espiaba desde hacía meses. Los agente han seguido sus desplazamientos y han pinchado sus conversaciones telefónicas. Incluso han intervenido sus mensajes. El cuerpo ha explicado que todo se llevó a cabo mediante una orden judicial. Se sospechaba que un funcionario del cuerpo filtraba información a Lagacé. Este sujeto era objeto de investigaciones internas de la policía canadiense. La vigilancia de la que ha sido víctima Lagacé responde a una necesidad de conocer si el agente filtraba datos. En ningún caso se intentaba revelar las fuentes del columnista externas al cuerpo. El periodista de La Presse tiene a la opinión pública de su lado. El Estado espiando a periodistas para determinar quiénes proporcionan información no tiene precedentes. El propio Snowden escribía: “la policía que te espía específicamente para identificar tus fuentes no es un caso hipotético. Esto está ocurriendo hoy”.

Reacciones al escándalo

La noticia no ha dejado indiferente a los canadienses. Tales incautaciones “podrían obstaculizar la capacidad de la prensa para recopilar información”. Con ello socavarían la función democrática esencial de los medios de comunicación. La Corte Suprema de Canadá Ya advirtió sobre dichas prácticas. “La prensa no debe ser convertida en una herramienta de investigación de la policía”, decretó en 1991. Fue entonces cuando se asentaron las razones por las que el Estado puede apropiarse legítimamente del contenido periodístico. Las incautaciones debían ser emitidas como último recurso. Sin embargo, en el caso de Lagacé, no existen indicios de que se hayan intentado otras opciones. No se ha preguntado al columnista ni se ha informado al periódico. Fue el propio afectado quien notó que era el objetivo de una labor de espionaje exhaustivo. Por todo ello, la opinión general falla a favor del informador, que ha visto vulnerados sus derechos como profesional.

Anteriores ocasiones

Lo más inquietante es que no es el primer profesional del medio que ha visto vulnerada la libertad de prensa. En la provincia de Quebec, en septiembre, la policía provincial incautó el ordenador de Michael Nguyen. Éste forma parte del equipo del periódico Journal de Montreal. Nguyen escribió una historia relativa al comportamiento abusivo de un juez de la Corte de Quebec. La orden que autorizaba la incautación sugería que el periodista había pirateado un sitio web para obtener dicha información. Con esta ya serían dos las veces que el Estado toma como blanco a los que intentan esclarecer la información. Se ha comprometido la confianza entre el periodista y la fuente violando diversas leyes. Lagacé se ha pronunciado con respecto al desalentador efecto que provocarán los hechos en las fuentes. “Estoy convencido de que es un intento de intimidar a todo el que quiera hablar con un periodista”, sentenció.

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