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Los alumnos más ociosos a menudo son los menos notorios estudiantes. Sus méritos no residen entre libros, sino por ser los que mejores “chuletas” hacen. Con las innovaciones en el mundo de la tecnología, quedan atrás textos copiados con letra minúscula cosidos al bajo de la falda, fragmentos escritos en zonas de la piel que no se ven, o palabras clave y acrónimos ocultos en el bolígrafo. Las nuevas formas de comunicarse han abierto también nuevas maneras de copiar en los exámenes. Una de las más eficaces es el conocido como pinganillo, un diminuto mecanismo que actúa como micrófono y auricular, transmitiendo al oyente toda la información para rellenar su examen de manera rápida y eficaz. La plataforma virtual El Día, nos acerca en su sección de sociedad este singular cómplice de los estudiantes más perezosos.

El pinganillo: un aliado

El pinganillo en realidad es un auricular que intenta ser lo más diminuto y disimulable posible, que funciona recibiendo en audio a través de un micrófono del sujeto que nos pasará la información por frecuencia modulada o radiofrecuencia, en este caso durante el examen. Para que esa persona sepa qué respuestas darnos es necesario que conozca la preguntas. Esto se lo dirá el individuo que lleva el pinganillo a través de un micrófono, normalmente oculto en el propio auricular o en un collar que funciona como accesorio complementario. Los hay de varias clases, pero el artículo de El Día hace referencia al anti inhibidores, puesto que de tener este aparato el docente, será imposible la conexión con el gancho por radiofrecuencia. Su uso no está regulado por ninguna ley propiamente dicha, pero las normas de un examen vienen prefijadas por el centro educativo y el profesional de la materia a examinar, de manera que su legalidad se encuentra en terreno de nadie.

Métodos sustitutivos

Aunque los antiguos métodos nunca pasarán de moda a la hora de copiar en un examen, puesto que el pinganillo es una opción a menudo cara y no todo el mundo puede permitírsela. Para todos estos, existe una creativa y amplia variedad de recursos, cada uno más imaginativo que el anterior. Los hay desde los clásicos, palabras claves y acrónimos en la mesa o en el cuerpo, textos escondidos en estuches o en la ropa, o el papel escrito en tinta gris que solamente es visible con cierta inclinación. La imaginación al poder. Es el precio a pagar por el ocio sin sacrificio. Siempre podemos arriesgarnos a preguntar a los compañeros, pero es comprometer innecesariamente a una persona y a menudo no funciona bien. Por ello, el pinganillo se convierte en una opción fácil y segura, que aumenta las probabilidades de éxito de aquellos que no hayan estudiado lo suficiente o nada en absoluto.

Otros espías en las aulas

El pinganillo no es el único artículo espía que ha adquirido fama entre los estudiantes. A disposición de estos encontramos también unas gafas que, vía bluetooth retransmiten a modo de micrófono y auricular a la vez, pudiendo transmitir las preguntas a la persona gancho fuera del examen y recibir las respuestas. También existen aplicaciones que te escriben un texto de manera más limpia y lo más diminuto posible para economizar mejor el espacio del papel y que sea posible que contenga el mayor número de información. Apps como Chuletator o las webs No Estudies fomentan esta práctica y cada vez son menos los que dedican horas de trabajo a aprender. Otros artefactos como el bolígrafo transmisor, que emite vía GSM por un micrófono incorporado en su parte posterior, y recibe la información por un pinganillo vinculado, o los relojes inteligentes de Apple y Samsung, que se han hecho extremadamente populares pero que son más fáciles de detectar.

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